Estudios, como los del Dr. Rollin McCraty, indican que el corazón juega un papel importante en comunicar fisiológica y socialmente a los individuos. Experimentos llevados a cabo en el instituto HeartMath han encontrado evidencia de que el campo electromagnético del corazón puede transmitir información entre la gente. Han sido capaces de medir el intercambio de energía cardiaca entre individuos separados hasta por un metro y medio de distancia, han encontrado que las ondas cerebrales de una persona pueden sincronizarse con el corazón de otra, descubrieron que las ondas electromagnéticas del corazón y el cerebro se aceleraban o se ralentizaban justo antes de las buenas o malas noticias… El corazón parecía recibir esa información justo antes de hacerlo el cerebro.

James Gross, de la universidad de Stanford, nos da una pista para entender “las corazonadas”: cuando alguien está enojado pero reprime tal emoción sin mostrarla por fuera, produce, sin embargo, una reacción en el que tiene frente a él, en el que aumenta la tensión arterial…

A nivel muscular también nos sincronizamos. En opinión de Emma Seppala estamos conectados a leer, a reaccionar ante las emociones de los demás mediante el fenómeno de “resonancia” y esta es tan automática y rápida que funciona a un nivel inconsciente. Así se demuestra en el estudio de Ulf Dimberg con EMG donde se estudiaban las reacciones de los músculos faciales ante distintas emociones como la felicidad o el enojo. En este estudio se usó la técnica de enmascaramiento en la que a los sujetos se les impidió percibir conscientemente la exposición a caras felices, blanco, neutro y enojado y se constató que los cambios musculares que se producían con la EMG eran diferentes según el estímulo fuese de felicidad, de enojo etc…Concluyeron que las reacciones emocionales positivas o negativas pueden ser evocadas inconscientemente.

 


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