Podría decir, sin miedo a equivocarme, que el enfado mata, al que lo siente. Estoy segura que nos acidifica y si me acidifico me inflamo, y si me inflamo tengo dolor y limitación. Una persona enfadada, con rabia, por ejemplo muerde más, hay más tensión mandibular, problemas de bruxismo, contracturas cervicales, cefaleas…Fijaros en lo que hacen los animales con su dentadura cuando quieren avisarnos de que pueden atacarnos, nos enseñan los dientes, marcan mandíbula y tensan la zona, el cuello hacia delante…postura de ataque, tensión para poder actuar rápidamente.
Así estamos desgraciadamente siempre muchos.
En modo alerta, preparados para el ataque, por eso, ante pequeños estímulos como que alguien tropiece contigo en la calle, saltamos como animales, o mandamos una mirada asesina que da muy mal rollo.
Desde la pandemia escucho con frecuencia frases como, hemos salido peor, no hemos aprendido nada…es muy posible, pero además, el nivel de enfado general es elevado. Cambia tanto el día cuando alguien te saluda con una sonrisa…
¿Qué es lo que hay detrás de tu cabreo?, quizás frustración, por no conseguir tus objetivos, o porque pensabas que al alcanzarlos todo iba a ser maravilloso. Puede que estés enfadado porque los demás te molestan, porque nadie te entiende, porque te sientes solo, o no puedes desahogarte con nadie, puede haber mil motivos.
Con las flores de Bach por ejemplo indagaríamos en que hay detrás del enfado, la pregunta adecuada sería ¿qué lo motiva?, puede ser algo de lo que os acabo de nombrar, según lo que haya daremos una flor u otra, es necesario entender ese enfado, para crear nuevas opciones, por ti, por tu salud. No solo con las flores, en la terapia neural la historia es similar, desde ese reequilibrio del sistema vegetativo, el control específicamente del sistema simpático, se baja ese estado de alerta, entendemos el por qué y podemos empezar a actuar de otra manera.
Siempre que está presente, que hay rabia, siempre hay tristeza, hígado para la medicina china, falta de perdón. Si somos capaces de ver al otro con sus limitaciones hace más fácil bajar el nivel de tensión. Entender qué le ha motivado a tratarte así o hacerte “x”, eso no quiere decir que haya que justificarlo todo o seguir como si nada.
En un mundo ideal, se hablaría serenamente de lo sucedido, para llegar a entendernos y al perdón, que no implica que tengamos que reconciliarnos y seguir saliendo de cañas juntos, pero el hecho de hablar, de entender y perdonar nos sana a nosotros.






