No entiendo el exilio, el rechazo, mirar por encima del hombro a otro ser humano.
No digo que no lo haga, no digo que nunca lo haya hecho.
Te digo que no me gusta, te digo que no quiero.
Que no me gustan las fronteras, ni las pateras, no quiero más muertes en el mar ni que nadie se piense que es menos porque no tiene mi color de piel o mis costumbres.
Si lo pienso una amargura llena mi pecho, mi estómago se retuerce porque no entiendo.
Porque me criaron diciéndome que todos somos iguales, y me lo creí, y me lo creí del todo, bien profundo, pero también hay gente mala, y quiero entenderlos también y quiero perdonar, pero que difícil…
Que difícil escuchar a los que se han apoderado de Dios decir que hay colores y según esos colores distintos derechos, y que aquí somos muchos, y que por culpa de “ellos “, los “nuestros” no tiene trabajo o techo. Siento asco y otra vez mi intestino se retuerce.
En mi mundo no hacen falta arandeles, ni fortalezas, ni barreras, en mi mundo todos los niños tienen leche, medicinas y juguetes.
En mi mundo solo duerme en la calle quien quiere y todos podemos opinar diferente, sin enfados y sin muerte.
En mi mundo no hay bombas ni tanques ni pestes, y cabemos todos y los malos, como mucho, entre ellos se muerden. Son solo una hornada mala pero que ya no gobierna ni aniquila ni insulta.
En mi mundo es maravilla ser diferente.






