Recientemente Richard Wiseman,psicólogo de la universidad de Hertfordshire y Marylin Schlitz, directora de investigaciones en el instituto de Ciencias Noéticas y científico sénior en el instituto de Investigaciones de Medicinas Complementarias en el California Pacific Medical Center plantearon una investigación donde los sujetos estaban conectados a un equipo que registraba cualquier reacción fisiológica: las miradas eran ante cámaras y el observador estaba en otra sala, se fijaban en las señales fisiológicas autónomas. Wiseman no encontró relación, los resultados eran casuales, sin embargo  Schlitz sí percibió un resultado positivo. Ante la diferencia de resultados repiten el experimento primero en el laboratorio de Wiseman en las mismas condiciones y posteriormente en el laboratorio de Schlitz, siempre con los mismos equipos, sin ninguna diferencia en las condiciones y sujetos. Los resultados fueron en todos los casos iguales: para él negativos y para ella positivos. Analizando todos los detalles, comprobaron que la única diferencia consistía en que cuando el doctor Wiseman recibía a los participantes se mostraba escéptico con el estudio, mientras que Schlitz les decía que lo habían hecho más veces y que había dado resultado. Concluyeron que el sistema de creencias del experimentador influía en el resultado del estudio. Por lo tanto, la actitud de la persona supervisora del experimento es importante.

Sigal Barsade se ha dedicado a investigar el contagio emocional y sus estudios concluyen que no sólo imitamos las emociones de los demás sino que “sentimos” esas emociones, y que son más fácilmente contagiosas las emociones positivas que las negativas; los buenos sentimientos se extienden con más potencia que los malos.

¿Es posible que con nuestra actitud, con nuestra fe en la terapia, como explican estos estudios, estemos inclinando la balanza hacia unos resultados positivos y que en ocasiones la procaína pueda actuar como placebo? En los estudios de Cleve Backster se veía como las plantas no diferenciaban entre el acto en sí y simplemente la intención del acto. Hoy sabemos tras diferentes investigaciones, que nuestro cuerpo no distingue entre un proceso químico y el pensamiento de un proceso químico.

Investigaciones de un grupo de la universidad de Bristol, Reino Unido, indican que el efecto placebo es producto de la evolución. Nuestro sistema inmune tiene un sistema de encendido-apagado controlado por nuestra mente, la activación de dicho sistema inmune es costosa para la reserva energética del organismo, por ello se produce un fenómeno evolutivo en el que nuestro sistema inmune espera una señal para ponerse en marcha. Esta señal sería el fármaco, la terapia etc… sea real o placebo, nuestro organismo no distingue entre ellos. Hoy se sabe además, gracias a las investigaciones de neurólogos de la Universidad de Michigan, que cuando una persona va a tomar una  medicina, su cerebro activa una región vinculada a la habilidad de experimentar un beneficio o una recompensa, el núcleo accumbens y se segrega dopamina, produciéndose un alivio del dolor, lo cual indica que el efecto placebo no depende sólo de la capacidad de sugestión del individuo como hasta ahora se creía. La cantidad de dopamina que se libera va en proporción a la cantidad de beneficio que anticipa el individuo (Jon-Kar Zubieta).

Realmente no sé si importa que sea por una vía o por otra por lo que funciona la terapia neural, si tenemos claros los objetivos y se llega a ellos quizás lo de menos es qué ha pasado por el camino.

Existe entonces una sincronicidad entre el otro y yo, existe una posibilidad de que mi intención influya. No solo nosotros percibimos las emociones del paciente, también este percibe las nuestras, aunque sea a un nivel inconsciente, no olvidemos “el contagio”. He aquí, una razón, entre otras, para que nuestra actitud y trabajo personal sea consciente e impecable. Esto, a mi parecer, nos da una mayor responsabilidad en la consulta.

Como ya hemos ido viendo, esa intención ha de ser en un estado de máxima atención, ha de ser compasiva y al mismo tiempo con desapego, no hacernos dueños de la terapia, ser conscientes de que ponemos un estímulo, pero que los cambios los hace el ser al que pinchamos, debemos por tanto apartarnos del medio. 


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