Desde siempre he entendido que la medicina era algo integral, desde que decidí a los siete años ser médico sabía que mi vida estaría dedicada a ayudar a otros a sanarse, tras la carrera y la especialidad en medicina familiar comezó una etapa de nueva búsqueda al entender que lo que sabía, era mucho, pero no suficiente, algo dentro de mi entendía que había que prestar atención a algo más que nuestro cuerpo físico. Así fui descubriendo distintas terapias naturales, primero para sanarme , después para ayudar a sanar a otros. Entendiendo que “siempre” este es el proceso, sanarse a uno mismo para poder acompañar a los que se nos acercan, sabiendo que el camino no termina nunca y que esta es, realmente, para mi, la aventura de la vida.

Desde los inicios hasta ahora, fueron muchas las terapias complementarias y formas de sanación que he ido explorando, constelaciones familiares, eneagrama, pnl, coach, tensergética, terapias esenias, cuencos tibetanos, sintergética, kinesiología, las flores de Bach,MDR… Soy consciente ahora de como mi mirada se fue abriendo con cada una de ellas y de como descubrí un amplio abanico de posibilidades, muy lejanas a mi formación inicial, pero que junto con ella me completan como “médico”.

La posibilidad ahora, de ver e intentar tratar a un ser humano en su plenitud, siendo consciente de lo que indica su cuerpo, atendiendo a todos sus niveles, encaja con el sentimiento que tenía a los siete años cuando me comprometí con la medicina, no como mi profesión, sino como forma de vida. Atrás queda ya la frustración que sentía cuando debía atender solo un órgano del cuerpo como si fuésemos rompecabezas.

Se que soy la eterna aprendiz, que queda mucho por hacer y sigo mi camino, mi curiosidad y sed de conocimiento me llevan a seguir conociendo cosas nuevas o no tan nuevas, eso si, ya desde la serenidad del que en el fondo no busca nada, porque sabe que ya está todo ahí. Y así sigo mi camino, agradecida a las personas maravillosas que me acompañan.