Desde los filósofos de la antigüedad, que creían que la felicidad era fruto de la vida dedicada a la reflexión, hasta nuestros días, son muchos los que han tratado de definirla. Para muchos es un fin nunca alcanzable, basado en la persecución de unos objetivos que una vez alcanzados decepciona y vuelta a empezar. Aristóteles indicaba que la felicidad debería consistir en algún tipo de actividad que se busque o consiga en sí misma, y no como fin para conseguir otra cosa, típico del conocimiento teorético y la contemplación: “No hay que tener, como algunos aconsejan, sentimientos humanos puesto que somos hombres, ni sentimientos mortales puesto que mortales somos, sino inmortalizarse en cuanto sea posible e intentarlo todo para vivir de acuerdo con lo más excelente que hay en nosotros mismos. Y parecerá que cada uno de nosotros consiste precisamente en esto, que lo principal es también lo mejor. Sería, por tanto, absurdo no escoger la vida propia sino la de algún otro ser. Y esto está de acuerdo con lo más excelente que hay en nosotros mismos”.

Para los más materialistas la felicidad es el estado del ánimo de satisfacción y contento que se complace en la posesión de un bien, sin embargo múltiples y recientes estudios afirman que la felicidad es independiente, al contrario de lo que se creía, de la edad, el sexo, razas o riqueza (entendiendo que las necesidades básicas estén cubiertas).

La persona más feliz sería por tanto la que necesita menos cosas o es feliz con cualquier cosa. La Felicidad es lo que sentimos cuando estamos a gusto con nosotros mismos y con los demás. No deberíamos entonces entender la felicidad como una meta o un fin, sino sentir que se basa en pequeños momentos, detalles vividos en el día a día.

La felicidad incluye alegría pero también otras emociones, algunas no tan positivas como el compromiso, la lucha, la entrega e incluso el dolor. Cada uno además tiene su propia escala de valores fruto de la educación recibida, de la sociedad en la que vive, etc.

La felicidad va a depender también de la percepción que tenga cada ser humano frente a determinadas situaciones, de hecho, en el caso de mis pacientes, sus circunstancias externas no han cambiado: los que estaban en el paro lo siguen estando, los que tienen problemas con su pareja continúan teniéndolos…sin embargo, su actitud ante las situaciones es la que ha cambiado; han modificado su forma de percibir y su actitud ante las mismas circunstancias, lo cual les hace sentir más felices. Otros se ven capaces ahora de tomar decisiones que antes ni se planteaban como posibles.

En general la gente más feliz suele estar menos centrada en sí misma, es menos hostil y menos sensible a la enfermedad.

Categorías: Pensamientos

3 commentarios

Patricia · agosto 7, 2018 a las 6:13 pm

La vida te llena de situaciones varias pero una en especial te toca en el centro de ti misma y te hace reaccionar. Ese día ya estás en camino a la felicidad porque aunque esa situación sea triste te abre la visión de lo real e importante y que si no cambias o aprendes te puedes perder lo mejor de la vida: Vivir el ahora y no esperar a mañana.

    Rita · agosto 13, 2018 a las 11:36 am

    Quizás algún día aprendamos a hacer el cambio desde la alegría y no desde la tristeza, el susto o el dolor, pero mientras, está bien, mientras sea avanzar, está bien.

La Felicidad(segunda parte) – RITA Mª DE LA IGLESIA MARTÍNEZ · agosto 10, 2018 a las 10:18 am

[…] etc, etc. Con RNM y EEG se ha visto que en el momento de experimentar sensaciones de bienestar o felicidad se activa el hemisferio pre-frontal de la corteza cerebral. La pregunta es: ¿se activa por la […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *